QUIÉN SOY

Soy mujer, incansable buscadora desde temprana edad de todas aquellas herramientas que me acerquen al contacto con mi alma.

Soy pintora desde lo mas profundo de mi ser, y docente por la alegría de enseñar. Trabajo para acercarme cada vez más a la libertad en conciencia.

En la sensación inconfundible de la danza frente a la tela es donde puedo sentirme alineada, indisoluble. En cada proceso creativo puedo trazar un hilo imaginario con la obra, y me veo armar y desarmar, incorporar, traer y devolver, invertir, decidir, reaccionar y al fin digerir.

Pintar, para mí, es una puerta al adentro, que conduce al vacío despojado de intención. Una puerta de entrada a otro mundo, cuyo idioma activa otras partes de nuestro ser en estado de conexión y comunicación, y se expresa a través del color. Es una comunicación viva, hacia adentro y hacia afuera, que facilita el camino a la unidad de las partes que nos componen.

La pintura, a través de los tiempos, como una expresión más de las capacidades humanas, nos conecta con la esencia del ser, nos deja en calidad de pausa para activar lo dormido, lo olvidado, lo no visto u observado. Nos pone en otros ojos, en otros zapatos, en otros tiempos, otros sentimientos, otras percepciones de la realidad o la irrealidad. Y esto, la convierte en una necesidad primaria que me ordena y me hace bien.

Les doy gracias infinitas a todos los que me acercaron y me acercan a la pintura. A todos mis maestros. En especial, a mi primer maestro, Hugo Balmaceda, con quien caminé largos años de mi infancia y adolescencia, y quien me mostró la entrada al universo de la pintura con una generosidad y amor inagotables, enseñándome a ver, a amar, a sentir los pinceles como prolongación de mis manos y mis manos como herramientas de mi espíritu. Gracias a mi último maestro y amigo, Ariel Mlynarzewicz, con quien aprendí a despegar y creer en mi acuerdo interno y, quien me enseñó a valorar mi mirada como propia en un mundo tan lleno de imitaciones.

Y, por último, gracias infinitas a todos mis alumnos y ex alumnos que hacen de mi vida en el taller una alegría constante. Hacen que tenga mucha fe en la humanidad porque en la total diversidad, sus seres, aparecen despojados, llenos de amor, de la alegría de animarse a ser seres sin molde, unidos por la felicidad de pintar para ellos mismos, sabiendo que no hay ningún lugar donde llegar más que al acuerdo interno.