POR LA VUELTA.

Pintar es una cosa sana. Hace bien.
Pero cuando alguien lo deja de hacer durante ocho años, el retorno se hace difícil. El reencuentro se torna angustiante. Sin embargo, vale la pena afrontarlo.
Andrea lo hizo de una manera natural. Como si ella supiera que durante ese lapso de interrupción, la madurez, en otros aspectos, la iba a ayudar para que "la vuelta" sea más rica, más intensa; y sin escrúpulos. Digo "sin escrúpulos", porque su pintura de gruesos empastes, pinceladas nobles y colores contratantes, no adhirió a los movimientos en boga.
No se sintió sola por no hacer del conceptualismo un discurso reiterativo. O pintar a la manera de historietas, como esta de moda. Prefirió volcar de su alma febril, un contenido emocional. Para generar con sus espátulas y pinceles, un lenguaje personal que describe momentos de su vida.
Celebro "la vuelta" de Andrea al universo de la pintura.
Con los atributos que ella posee, imaginación y libertad.

Ariel Mlynarsewicz